El 16 de agosto de 1863, en la colina de Capotillo parte alta del Cibao, se encendió una llama que cambiaría el destino de la República Dominicana. Aquel grito de libertad no fue solo una rebelión contra la anexión, sino un acto de fe colectiva: la convicción de que la dominicanidad, aunque herida, podía restaurarse. […]




