China ha trazado una línea clara en el escenario internacional. En un imponente desfile militar celebrado en Pekín, el presidente Xi Jinping proclamó que el “gran rejuvenecimiento de la nación china es imparable”. Sus palabras resonaron no solo ante su propio pueblo, sino frente a figuras internacionales como Vladimir Putin y Kim Jong-un, que observaron desde la primera fila. No fue solo una conmemoración: fue una declaración estratégica.
El desfile, realizado para conmemorar el 80.º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, fue una auténtica demostración de fuerza. Se desplegaron misiles hipersónicos, drones submarinos, sistemas cibernéticos, armas láser y aviones furtivos de última generación. Durante más de una hora, las unidades del Ejército Popular de Liberación desfilaron con precisión milimétrica, mientras el nacionalismo se fortalecía desde cada rincón de la Plaza de Tiananmén.
En su discurso, Xi Jinping advirtió que el mundo se encuentra ante una encrucijada histórica: paz o guerra. Aunque no mencionó directamente a Estados Unidos ni a Taiwán, el mensaje fue claro: China no aceptará límites impuestos por Occidente y está dispuesta a defender su modelo y su espacio con determinación.
Una nueva alianza de poder
La presencia conjunta de Putin y Kim Jong-un fue simbólica y estratégica. Refuerza la consolidación de un bloque de poder alternativo al orden occidental, basado en principios distintos, con prioridades distintas y, sobre todo, con una narrativa común: resistir la hegemonía global de Occidente.
Este eje de influencia no solo representa una alianza política, sino también una forma de reafirmación cultural y militar frente a lo que consideran un sistema global desequilibrado.
Más que un desfile: una advertencia
- Demostración de capacidad militar: Lo mostrado no fue solo tecnología, sino una afirmación de que China se encuentra lista para cualquier escenario.
- Redefinición del liderazgo global: El evento dejó entrever que el liderazgo del futuro podría no girar ya en torno a Washington o Bruselas.
- Narrativa nacionalista consolidada: Xi no solo mostró armas, también reforzó el relato del Partido como garante de la seguridad, la soberanía y el destino chino.
Este desfile fue mucho más que una celebración patriótica. Fue una advertencia sofisticada, una señal de que el mapa del poder global está cambiando. Y China, con pasos firmes y sin rodeos, ha dejado claro que no pretende seguir a nadie: quiere liderar su propio camino.




