Algo está fallando cuando hasta los artistas pierden la paciencia frente a algo tan cotidiano como pagar por electricidad. Vakeró, con la sinceridad que lo caracteriza, lo resumió así: “Si se están llevando la luz, entonces no nos cobren”. Y no está exagerando.
El rapero venezolano radicado en Samaná salió a quejarse en video porque los apagones se han vuelto parte del día a día, al punto de inutilizar hasta los alimentos en su refrigerador. Dice que ya regaló su inversor, pues dejarlo guardado solo para que la electricidad regrese cada tanto perdió sentido. Eso, mientras las facturas siguen llegando altísimas.
Este reclamo no es capricho de estrella: es la voz de una ciudadanía cansada. Cuando un artista dice que se siente niño protestando por el servicio eléctrico en su infancia, uno entiende que esto no es tendencia de Twitter, es un llamado urgente de alerta social.
Estamos pagando por un servicio intermitente. ¿Qué mensaje manda eso a nuestras empresas distribuidoras? Que es admisible entregar un producto incompleto. Que lo importante es facturar, no garantizar. Y así no se construye país.
No se trata de abogar por impago. Se trata de exigir responsabilidad. De reclamar que lo que consumimos—luz, agua, transporte—funcione como debe, o que al menos se ajuste al servicio real que recibimos.
Vakeró lo dijo claro: si el servicio es ínfimo, la factura debe reflejarlo. Porque vivir sin luz ya es bastante oscuridad.




