A sus 82 años, José Luis Rodríguez, conocido mundialmente como El Puma, demostró en Santo Domingo que aún posee la fuerza interpretativa, la elegancia escénica y la energía emocional para conmover a su audiencia.
Su presentación titulada “Atrévete Sinfónico” se celebró en el Teatro Nacional y combinó canciones, historias y meditaciones. Desde el primer instante, El Puma mostró una conexión genuina con el público dominicano, agradeciendo la vida y la fidelidad de sus seguidores. Esta mezcla de canto y reflexión convirtió el evento en algo más profundo que un simple concierto: una experiencia espiritual y humana.
A diferencia de lo convencional, el espectáculo no comenzó con una canción. En su lugar, El Puma ofreció una reflexión que se extendió por 4 minutos y 34 segundos, en la cual expresó su gratitud por estar vivo y por el cariño del público dominicano. Con esta introducción se marcó la pauta emocional de la noche.
El Puma conecta con su público desde el primer momento
La apertura musical llegó con el emblemático tema “Dueño de nada”, el cual provocó una ovación inmediata y mostró que el artista aún conserva el poder de conectar emocionalmente a través de su música. Desde ahí, intercaló canciones con anécdotas personales, generando una atmósfera íntima.
El concierto de El Puma en Santo Domingo contó con una selección de 16 canciones, aunque solo interpretó 15. Entre las canciones elegidas se encontraron grandes éxitos, así como temas menos populares pero cargados de significado personal para el artista. A pesar del entusiasmo del público, un tema del repertorio quedó fuera: “Tengo derecho a ser feliz”, cuyo motivo de omisión no fue explicado. Esto generó algunas reacciones entre los asistentes, quienes esperaban escuchar todos los temas pautados.
A lo largo del evento, El Puma compartió pensamientos sobre el amor familiar, la fidelidad en las parejas y la gratitud hacia la vida, convirtiendo cada intervención en una especie de meditación colectiva. Estas pausas no fueron solo transiciones, sino parte del mensaje que quiso dejar.
Acompañamiento de lujo con la orquesta sinfónica
Uno de los puntos más altos del concierto fue el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica, que elevó la experiencia musical a un nivel sinfónico de excelencia. Cada arreglo fue cuidadosamente ejecutado. La dirección musical estuvo a cargo del reconocido Amaury Sánchez, quien logró una perfecta sincronía entre la orquesta y el cantante, adaptando cada interpretación a la sensibilidad del momento.
La segunda canción, “Tendría que llorar por mí”, mantuvo la intensidad emocional del concierto. La interpretación, pausada pero intensa, tocó fibras sensibles en la audiencia. En poco más de hora y media de presentación, continuó con los temas “Amante eterna”, “Atrévete”, “Por si volvieras”, “Bondad de Dios (solo piano), “Agradecido” y “Voy a conquistarte”, con el que logró gran ovación.
Solo en dos ocasiones cantó dos canciones consecutivas. Prosiguió a ritmo de “Voy a perder la cabeza”, un medley con “Hay muchas cosas y Que se siente”, “De Punta a Punta”, “Culpable soy yo”.
El Puma dejó para el cierre sus temas más rítmicos que animó al público, tales como “Boca dulce boca” y sobre todo “Pavo Real”. Concluyó a todo vapor con “Agárrense de las manos”, con todo el público presente de pies y coreando el tema a todo pulmón.
Tras despedirse, los asistentes quedaron con ansias de más temas, privados de escuchar temas emblemáticos de su amplia antología musical. Algunos opinaron que si hubiese hablado menos, pudo haber interpretado más temas. En par de ocasiones, la orquesta intentó adelantar la entrada de algunas canciones, lo que fue reprimido por José Luis Rodríguez, quien miraba al pianista y preguntaba: ¿Tienen mucha prisa?.
Fuente: .




