domingo, febrero 22, 2026
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¡Acuicultura en peligro! La lucha de los langostinos de río en República Dominicana

Cada semana desde hace 32 años, Corinne Misson entrega a restaurantes y hoteles de la costa norte, Punta Cana y Santo Domingo, los langostinos frescos que ha cosechado de su finca en Copeyito, provincia María Trinidad Sánchez.

Desde allí, sostiene un negocio que pese a la alta demanda del turismo, es cada vez más escaso: su granja es una de apenas dos que aún producen langostinos de río en todo el país.

Popularmente conocido como “camarón de río”, el langostino fue uno de los primeros cultivos con los cuales comenzó la acuicultura para fines comerciales en la República Dominicana en la década de los 80, con un rendimiento que para entonces rondaba las 82,500 libras al año.

Cuarenta y cuatro años después la producción sigue igual, promediando las 90,200 libras al año en el último cuatrienio, según se desprende de datos oficiales.

En ese mismo período, las importaciones de camarones pasaron 16.3 millones de dólares en el 2019 a 31.04 millones de dólares en el 2024, según Aduanas, por lo que decenas de productores, incapaces de competir, migraron a otros cultivos acuícolas más sencillos y rentables.

“Este es un país inmenso, con mucha tierra, agua y recursos para producir. Hay que fomentar la producción (…); el problema es que la mayoría de lo que se compra es importado”, observó Misson al respecto.

El cultivo que no prosperó como se esperaba

La siembra de langostinos de río en el país comenzó gracias a la asistencia técnica que Taiwán otorgó a Dominicana y otros países de América Central en los 80 con el objetivo de contar con una especie de mayor crecimiento, menos agresiva y económicamente más viable que las de camarones nativos de la región.

De todas las naciones que intentaron sembrar este cultivo, solo la República Dominicana logró su inserción exitosa para fines comerciales, según reseñan la Organización Mundial de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (Idiaf).

Misson, quien es inglesa y llegó a la República Dominicana en 1993, incursionó junto a su esposo en un cultivo que “parecía interesante” por ser incipiente y prometer rentabilidad.

A pesar de varios fracasos en el pasado, esta emprendedora ha mantenido la producción de langostinos de alta calidad, cultivados a muy baja densidad para satisfacer la creciente demanda del mercado.

Sin embargo, las condiciones del mercado han empujado a muchos productores a rendirse, enfrentando dificultades como huracanes, altos costos de producción y falta de financiamiento.

Las importaciones han desplazado a muchos productores: “No había a quien vendérselo”, lamentó Ventura, un pequeño acuicultor.

Franco, del Consejo Dominicano de Pesca, notificó que actualmente se están compilando datos de granjas para evaluar las condiciones de retomar la producción de langostinos.

El futuro de los langostinos de río en la República Dominicana es incierto. Sin embargo, se requieren políticas que fortalezcan el cultivo y conecten a productores con el mercado turístico, donde existe un potencial enorme.

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